Ese es el tiempo que he tardado en decidirme a realizar una nueva actualización. Sé que no es un título muy original, pero es el más explícito que se me ocurría para excusarme por mi tardanza, que algunos, entre los que me incluyo, considerarán fruto de la vagancia. No puedo decir precisamente que la razón de este período de vacío haya sido el hecho de no parar en casa, pues como muchos sabréis, sufrí un pequeño accidente en el último partido del Sparta (que comentaré más adelante) que me mandó de cabeza al dique seco. Diagnosticada como esguince grave de tobillo, la lesión me ha obligado a reposar en casa con el pie en alto un par de semanas, en las que he tenido tiempo de sobra para actualizar, pero paradójicamente, se me quitaron las ganas de hacerlo. No había nada que me pareciera digno de relatar, así que he esperado a tenerlo (y lo coloco en el próximo post). Y, ya que actualizo, me veo en la obligación de relatar la sucesión de eventos que han llevado a mi actual posición: sentado en la cama con el pie en alto.
Como ya he comentado, todo sucedió en el último partido de la fase de grupos del Sparta. Partido que, a la postre, se convirtió en el último del Sparta en este torneo de primavera. Decepcionante eliminación, no lo podemos negar, pero marchamos con la cabeza bien alta por la seguridad de haber merecido más. Sin embargo, no fue el inútil empate de ese partido lo más destacable, al menos en lo que a mi respecta. Corría el minuto 10 de la segunda parte, y campeaba el 1-1 en el inexistente marcador. Se nos habían adelantado al comienzo del partido, pero Eneko había sido capaz de empatar de tiro cruzado justo antes del descanso.
Defendía yo en el corner ejerciendo presión sobre el jugador que tenía el balón, cuando éste trastabilló, precipitándose irremisiblemente hacia mi pie derecho que, ajeno al peligro que corría, se había aventurado en busca del esférico. Congelemos un momento la imagen para darme un respiro y comentar algo que, si bien no es necesario en la historia, sí que le aporta un toque que por lo menos a mí me resulta cómico. Arrastraba molestias en el tobillo izquierdo desde hacía meses, y andaba yo vigilándolo durante todo el partido con cierto temor a que sufriera algún daño, y lo irónico de la situación es que mi precaución resultó exitosa, al menos en lo que a mi tobillo izquierdo se refiere. Volviendo al trágico momento que nos concierne y, mal que me pese, descongelando la imagen, observamos mi tobillo derecho doblarse en un doloroso ángulo (yo tampoco pensé que la geometría pudiera doler, pero así es el fútbol) bajo el peso del jugador rival, al tiempo que mi boca también se torcía en un gesto de dolor geométricamente indescriptible (más que nada porque no podía ver mi propia cara).
Lo supe al instante. Esguince. Suerte que estaba al lado del córner para poder retirarme rapidamente sin interrumpir el partido, pues era consciente de lo necesario que era conseguir un gol. Y ese gol llegó de la bota de Calleja, a falta de pocos segundos para el final. El problema es que minutos antes, ya conmigo sustituído, habíamos recibido el 2-1. El 2-2 nos dejaba con 7 puntos a la espera de lo que ocurriera en los demás grupos para saber si entrábamos entre los 3 mejores segundos. Y, como podréis haber deducido, no fue así.
Es una lástima, pero más lástima es haber estado semana y media con una cédula de yeso dificultando en gran medida mi movimiento, y ver que éste no ha mejorado mucho tras haber sido sustituída la cédula por tensoplast. Al menos podré volver a ir a clase... gran consuelo, ¿no? (Apréciese la ironía antes de tacharme de empollón redomado).
Como ya he comentado, todo sucedió en el último partido de la fase de grupos del Sparta. Partido que, a la postre, se convirtió en el último del Sparta en este torneo de primavera. Decepcionante eliminación, no lo podemos negar, pero marchamos con la cabeza bien alta por la seguridad de haber merecido más. Sin embargo, no fue el inútil empate de ese partido lo más destacable, al menos en lo que a mi respecta. Corría el minuto 10 de la segunda parte, y campeaba el 1-1 en el inexistente marcador. Se nos habían adelantado al comienzo del partido, pero Eneko había sido capaz de empatar de tiro cruzado justo antes del descanso.
Defendía yo en el corner ejerciendo presión sobre el jugador que tenía el balón, cuando éste trastabilló, precipitándose irremisiblemente hacia mi pie derecho que, ajeno al peligro que corría, se había aventurado en busca del esférico. Congelemos un momento la imagen para darme un respiro y comentar algo que, si bien no es necesario en la historia, sí que le aporta un toque que por lo menos a mí me resulta cómico. Arrastraba molestias en el tobillo izquierdo desde hacía meses, y andaba yo vigilándolo durante todo el partido con cierto temor a que sufriera algún daño, y lo irónico de la situación es que mi precaución resultó exitosa, al menos en lo que a mi tobillo izquierdo se refiere. Volviendo al trágico momento que nos concierne y, mal que me pese, descongelando la imagen, observamos mi tobillo derecho doblarse en un doloroso ángulo (yo tampoco pensé que la geometría pudiera doler, pero así es el fútbol) bajo el peso del jugador rival, al tiempo que mi boca también se torcía en un gesto de dolor geométricamente indescriptible (más que nada porque no podía ver mi propia cara).
Lo supe al instante. Esguince. Suerte que estaba al lado del córner para poder retirarme rapidamente sin interrumpir el partido, pues era consciente de lo necesario que era conseguir un gol. Y ese gol llegó de la bota de Calleja, a falta de pocos segundos para el final. El problema es que minutos antes, ya conmigo sustituído, habíamos recibido el 2-1. El 2-2 nos dejaba con 7 puntos a la espera de lo que ocurriera en los demás grupos para saber si entrábamos entre los 3 mejores segundos. Y, como podréis haber deducido, no fue así.
Es una lástima, pero más lástima es haber estado semana y media con una cédula de yeso dificultando en gran medida mi movimiento, y ver que éste no ha mejorado mucho tras haber sido sustituída la cédula por tensoplast. Al menos podré volver a ir a clase... gran consuelo, ¿no? (Apréciese la ironía antes de tacharme de empollón redomado).
No hay comentarios:
Publicar un comentario